martes, 2 de julio de 2013
sinques
Fue maravilloso vivir en esa casa de retiro a mis treinta. Para ser sincero a mí me pareció increíble antes de la primera muerte, de ahí todo se vino como avalancha: don Pepe, Almita, el inge Cevallos, Álvaro con todo y su ajedrez... podría seguir pero sólo haría más aburrida, si se permite, la pesadez de la muerte.
Decidí irme a vivir a "Las Magnolias" cuando falleció mi abuela. Ella nunca quiso recluirse en un "asilo de esos para gente rica" y sufrió hasta el último de sus males atrincherada en su casa colonial del centro de la ciudad. La sufrió con las visitas obligadas de todos,incluyendo las de su nieto favorito o presumible favorito hasta sus diecinueve cuando llegó la noticia del embarazo de su amiga de fiestas en Guadalajara. El nieto favorito era yo, y mi abuela murió sin de saber su cambio en la lista de los preferidos y mucho menos de su bisnieta.
A los dos meses de su muerte y sólo cinco días después de la firma de los beneficiados por su testamento, me convencí a invertir una parte de mi herencia en tres años de "membresía" en aquella casa de retiro. Vivir ahí era fundamental para desenterrar la Novela de Paso; arrumbada desde los veintiuno junto con otros de mis proyectos adolescentes.
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